28. abril 2026
San Diego Comic Con Málaga 2025
Críticas necesarias, odio innecesario
Lo vivido el pasado septiemre en la Comic Con de Málaga 2025 fue un auténtico torbellino. Y hay que decirlo con claridad: la organización ha tenido fallos garrafales. No podemos negarlo ni maquillarlo. Fallos en la coordinación de un público multitudinario en un espacio que no estaba preparado, con una estructuración nefasta que provocó colas interminables, aglomeraciones peligrosas y una sensación general de frustración y agotamiento.
La pregunta es: ¿estamos ante una estafa o ante una serie de catástrofes derivadas de la inexperiencia en la organización? Yo me inclino más por lo segundo. Y eso no resta gravedad: porque la inexperiencia en un evento de este calibre no debería permitirse. Málaga merece una Comic Con a la altura de su gente y de sus expectativas.
Ahora bien: una cosa es señalar los problemas y otra es lo que hemos visto en redes. Porque lo que hemos visto en redes ha sido un odio desmedido, muchas veces visceral, cargado de insultos y sin la mínima intención de construir. Se mezclan críticas legítimas con exageraciones y, peor aún, con ataques de quienes ni siquiera estuvieron allí. Gente que se sube al carro del trending topic solo para echar más leña al fuego.
Pongo un ejemplo: las quejas de personas que no pudieron entrar a charlas para las que no tenían reserva o por supuestos fallos informáticos puntuales. Eso no es un fallo de Comic Con de Málaga; eso ocurre en todas las convenciones del mundo. En Estados Unidos, en la San Diego Comic-Con, el acceso a los paneles se resuelve por sorteo, porque simplemente es imposible ubicar a todo el mundo en un mismo espacio. ¿Es injusto? No. Es la única manera de gestionar un evento con afluencia masiva. Tal vez debamos aprender y adoptar fórmulas así.
Por otro lado, se ha mezclado la experiencia en el evento con política, con dinero público, con un malestar ciudadano que va más allá de la propia Comic Con. Y entiendo la indignación, porque Málaga es una ciudad que ama su cultura, su vida y su identidad. Pero no podemos cruzar cables: una cosa es la gestión del evento y otra los debates políticos que le rodean.
Personalmente, también he recibido una avalancha de hate en redes por estar acreditado y poder cubrir el evento sin pasar por las mismas colas de acceso. Como si eso me blindara de la experiencia real. Porque os aseguro que la muchedumbre, las aglomeraciones en los stands, las esperas para acceder a espacios como el Toy Story (por poner un ejemplo), los fallos logísticos, los he vivido igual que todos.
Y aquí está el verdadero punto: criticar es legítimo, necesario incluso. Hay que visibilizar los fallos, hablarlos con elegancia pero con presión, exigir responsabilidades y mejoras. Lo que no sirve es escupir odio, ni atacar con insultos, ni quedarse en la queja vacía. Porque los problemas no se solucionan con bilis, se solucionan con propuestas.
No olvidemos que, más allá del caos, el programa de actividades fue brutal. Invitados, charlas, experiencias… todo eso quedó empañado por los fallos, sí, pero estaba ahí y merece también ser reconocido.
Lo que nos toca ahora es exigir que esto no vuelva a repetirse. Que se aprenda de los errores. Que Málaga tenga una Comic Con a la altura de su gente, de su pasión y de la ilusión que mueve a toda la comunidad friki.
Crítica sí, odio no. Señalar lo que está mal, pero también defender lo que merece ser defendido. Y, sobre todo, construir soluciones para que la próxima vez podamos hablar de la Comic Con de Málaga con orgullo y no con decepción.
Gracias.
