El viaje - Paco Roca
Ya lo sabemos, Paco Roca no necesita un DeLorean para viajar en el tiempo. Le basta con un vuelo cancelado, un hotel perdido en la Patagonia y un hombre con demasiado tiempo libre para pensar.
El viaje (publicado como es costumbre por Astiberri) nos presenta a Fran, un escritor que se queda varado en un pequeño pueblo de la Patagonia argentina después de que cancelen su vuelo de regreso a España. Está lejos de su hogar, sin nada que hacer, atrapado en una habitación de hotel y atravesando las consecuencias de la separación con su mujer, Susana, después de casi veinte años de convivencia y dos hijas en común.
La cancelación del vuelo funciona como un paréntesis forzoso. Fran ya no puede seguir huyendo hacia delante mediante el trabajo, los viajes y las obligaciones cotidianas. De repente se queda a solas con algo que llevaba tiempo intentando esquivar. Esa necesidad de comprender cómo una relación que definía prácticamente toda su identidad pudo romperse sin que él llegara a detectar el momento exacto en que comenzó a hacerlo.
Y es que El viaje habla de algo incómodo, de relaciones que no explotan, sino que se erosionan. Una acumulación de pequeñas ausencias, renuncias, silencios, rutinas y gestos aparentemente insignificantes. Dos personas que no discuten, que siguen compartiendo casa, hijas, sofá… recuerdos.

Y Paco Roca es extraordinariamente bueno dibujando esos recuerdos pues quien le conoce, sabe que la memoria ha sido siempre uno de los grandes territorios creativos del autor. En Arrugas abordó cómo uno desaparece a consecuencia de la enfermedad; en La casa y Regreso al Edén, cómo se construye nuestra identidad familiar; y en Los surcos del azar o El abismo del olvido, cómo podemos enfrentarnos al borrado de la historia.
Aquí, sin embargo, habla de una memoria mucho más íntima y caprichosa, la sentimental.
Cuando rompemos con nuestra pareja no recordamos la relación de una forma objetiva. Construimos nuestra propia narrativa, cortamos escenas, cambiamos su significado, recuperamos viejos diálogos e iluminamos ciertos recuerdos mientras dejamos otros fuera de campo. Si necesitamos sentirnos víctimas, encontraremos todas las pruebas necesarias. Si necesitamos convencernos de que la separación era inevitable, nuestro archivo mental también nos proporcionará ese relato. Y si algún día queremos recordar lo hermoso, podremos remontar nuevamente la película.
El pasado no cambia, cambia lo que nos contamos sobre el mismo y esa es, para mí, la idea más poderosa de El viaje, que los recuerdos sirven para poder soportar nuestro presente.
Fran reconstruye su relación coversando con Sonia, una mujer argentina que también espera poder regresar a casa. Estos diálogos permiten a Paco Roca introducir otras miradas sobre el amor, el compromiso, el deseo, la soledad o las relaciones duraderas. Y también afrontar una pregunta especialmente incómoda: ¿es una relación rota necesariamente una relación fracasada?
El cómic no responde. De hecho, cuanto más avanza, más preguntas plantea. Porque esto no es un libro de autoayuda encuadernado como novela gráfica. No ofrece diez trucos para superar una separación, reencontrar el amor propio y convertirte en tu mejor versión. Paco Roca sabe que algunas experiencias humanas no contienen una moraleja clara.
Esa ausencia de respuestas puede dejar una sensación de tristeza e incertidumbre, pero también convierte el relato en algo mucho más honesto. Aquí nadie es completamente culpable ni completamente inocente.
También resulta especialmente interesante la mirada sobre la masculinidad. Fran pertenece a una generación de hombres que aprendió antes a definirse mediante el trabajo que a poner nombre a sus emociones. Es capaz de ordenar sus recuerdos, plantear hipótesis y reconstruir conversaciones, pero no siempre de expresar lo que siente cuando todavía está a tiempo de que importe.
Y eso convierte el cómic en una reflexión no solo sobre el final del amor, sino sobre la identidad. Cuando desaparece una relación de veinte años pierdes rutinas, espacios, planes, amistades, una idea de familia y la versión futura de ti mismo que habías dado por sentada.

Narrativamente, Paco Roca se plantea construir casi doscientas páginas alrededor de varias personas sentadas, conversando y recordando. Y consigue que funcione gracias a todo aquello que solamente el cómic puede hacer.
El formato apaisado amplifica la soledad de Fran frente al paisaje patagónico. Las retículas regulares crean un ritmo pausado y el color ayuda a distinguir tiempos, recuerdos, pensamientos y posibilidades (me recuerda en esto al Asterios Polyp de David Mazzucheli). Pero lo mejor está en sus metáforas visuales: la pareja convertida en una Pangea que se separa lentamente o la imagen de una pastilla efervescente que termina disolviéndose por completo.
También hay guiños a El tiempo en sus manos, la adaptación de George Pal de la novela de H. G. Wells.
¿Tiene problemas? Algunos. El viaje quizá no es una obra tan rotunda como Arrugas o La casa, pero me atrevo a decir que es la más desnuda y vulnerable de Paco Roca. Es un cómic que no busca el gran giro dramático, sino esa pequeña viñeta en la que alguien continúa mirando el ordenador mientras la persona con la que ha compartido media vida abandona la habitación.
Y resulta devastador porque no habla de relaciones excepcionales. Habla de las nuestras.
Mi valoración sería un 8,5 sobre 10. Una novela gráfica íntima, melancólica y formalmente brillantísima, capaz de convertir una ruptura sentimental en una reflexión universal sobre la memoria, la identidad y las historias que necesitamos contarnos para poder seguir adelante.
